Podemos hacer mucho más con lo que ya tenemos, empezando por lo local

Por Javier Creus

Dice el economista Paul Romer que el crecimiento ocurre cada vez que alguien combina lo que ya existe para crear algo más valioso desde el punto de vista de los ciudadanos. La innovación, el crecimiento, el bienestar colectivo dependen de la receta, de las combinaciones, más que de los ingredientes. Argumenta con razón que aunque los elementos de la tabla periódica son siempre los mismos los humanos hemos vivido en la edad de piedra, del bronce, del hierro o del silicio según nuestra capacidad de combinarlos.

Vivimos en tiempos de una acelerada innovación tecnológica y social que multiplican el campo de combinaciones posibles entre recursos, y en consecuencia nuestra capacidad de hacer más con menos, o mucho más con lo que ya tenemos.

La tecnología determina el acceso, el que un recurso sea considerado abundante o escaso. Realizar un video requería hasta hace poco de un equipamiento y una formación especializados, hoy con nuestros smartphones está al alcance de cualquiera. Tenemos un problema de agua potable en el mundo, a la vez, el 70% del planeta es agua; disponemos de la tecnología para desalinizar.

La otra manera de generar abundancia es compartir.

“Cuéntame lo que sabes que yo se lo contaré a todo el mundo”: Wikipedia da servicio a 500 millones de personas en 282 idiomas a un coste ridículo, una fracción del mercado global de enciclopedias hasta hace unos años.

En lo inmaterial, abundancia absoluta.

“Dime dónde vas que buscaré a alguien que quiera compartir trayecto y costes”: BlaBlaCar mueve más de tres millones de pasajeros cada mes en 22 países, sin nuevos automóviles ni carreteras, sin gastar más gasolina o contaminar más.

En lo material, abundancia relativa…

Es el momento de reinventar todo.

Proponte un objetivo por encima de lo normal, muy por encima de lo normal: mejorar las cosas no un 10 o un 15% sino al doble, al triple, por diez o por cien. Mira con una mirada nueva lo que está a tu alrededor: busca lo que está infrautilizado (por las mañanas, por las tardes, a ratos); lo único e inimitable que sería muy difícil reproducir en otro sitio (lo excepcional); lo que está prisionero de etiquetas mentales o modos de organización obsoletos (el coche “de”, el local “para”,…). Estos son los ingredientes internos de nuestra nueva receta. Veamos cómo los podemos potenciar con las palancas disponibles de modo general.

Identifica primero otros activos disponibles en el sistema que podrían complementar tu propuesta de valor: ¿hay otros activos infrautilizados? ¿plazas, bibliotecas o habitaciones o lo que sea vacíos? ¿de qué activos abiertos puedes disponer? ¿te sirven videos de Youtube, artículos de Wikipedia, mapas o diseños abiertos?. Todo lo que no poseas te permitirá crecer más rápido.

Veamos ahora qué pueden hacer los propios usuarios. Seguro que es mucho más de lo que pensabas. Los ciudadanos educados y conectados podemos ser consumidores, pero también sabemos sacar fotos y videos, financiar colectivamente los proyectos que nos interesan, convertir nuestras casas en coworkings, hoteles o restaurantes, podemos hacer cosas juntos o intercambiarnos cosas. Todo lo que hagan tus usuarios no lo tendrás que hacer tu.

Seguro que no eres el único que ha tenido esta idea o esta preocupación. Mira quién más está actuando en ese ámbito, explora la manera de combinar fuerzas. La competencia es ahora entre ecosistemas; entre grupos de organizaciones grandes y pequeñas que comparten unos estándares y un mercado que todas contribuyen a desarrollar. ¿Con quién podrías compartir mercados o estándares? ¿A quién le interesaría compartir los tuyos?.

Ahora examina lo que sabes, explora qué cosas valen más compartidas que guardadas en tu cabeza o en un cajón. La mejor manera de darse a conocer es dando conocimiento, contenidos útiles para otros. Tan útiles que los consideren como propios -tal como nosotros consideramos a la Wikipedia- y tan interesantes que la gente se los pase de unos a otros, y a ti como emisor con ellos.

Por último, identifica qué redes conectan ya o podrían conectar lo que pretendes. La web conecta lugares, lo social conecta personas, lo móvil conecta situaciones, la Internet de las cosas conecta datos. Cuantas más cosas conectes, más podrás crecer. Mira las aplicaciones disponibles que te pueden servir para empezar ya y probar tu idea: Ouishare se desarrolló en tres años utilizando grupos privados de Facebook, grupos de mujeres en Medellín quedan en estaciones de metro para intercambiarse vestidos a través de Whatsapp.

Ya tenemos todos los ingredientes: hemos identificado qué está disponible cerca y aquello otro que está disponible en cualquier lugar. Es el momento de de inventar una nueva interacción, una nueva relación, una nueva conexión que cree valor para todos los que participan.

¿Cuál es tu nueva receta?

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